Cuando los abogados lo indicaron, salieron de la comisaría en dirección al hotel. Al llegar, las esquinas del hotel estaban bañadas por la luz del sol, como un manto dorado que iluminaba el camino de regreso a la libertad.
Leonardo cruzó el vestíbulo con pasos lentos, arrastrando aún el peso de la noche anterior. Su chaqueta colgaba abierta, el rostro marcado por el cansancio, pero había una luz nueva en su mirada: la de quien vuelve a respirar después de haber estado al borde del abismo.
Isabe