Luego de sentir cómo el bebé se movía, Francesco fue interrumpido al escuchar un leve toque en la ventanilla. El sonido resonó en la quietud del auto, mezclándose con el murmullo lejano de los árboles mecidos por la brisa. Levantó la mirada y encontró a uno de los hombres de seguridad. Con un ademán pausado, bajó la ventanilla.
—Señor, ¿todo está bien? Vimos que se detuvo y vine para saber si ocurría algo —dijo Alberto, con tono de genuina preocupación.
Francesco respondió, dejando entrever una