El hotel estaba sumido en una calma tensa, como si hasta las paredes contuvieran la respiración. El aire tenía un peso extraño, cargado de silencios no dichos y presentimientos oscuros. Alessa entró al lobby con pasos lentos, casi arrastrados, seguida de Charly y los abogados. Cada uno de sus movimientos parecía costarle un esfuerzo enorme, como si el alma le pesara más que el cuerpo.
El recepcionista, al verla, simplemente asintió en silencio, con una mirada que decía más que cualquier palabra