Los días en la Toscana avanzaban lentamente, cada amanecer parecía bañado en una luz dorada que se extendía sobre los viñedos. Tras el inquietante mensaje, Isabella decidió no compartirlo con Francesco, al menos por ahora. No quería empañar el ambiente de tranquilidad que habían venido a buscar, y confiaba en que esa distancia de las tensiones de la ciudad podría brindarles un respiro.
Luego del desayuno, cumpliendo su promesa, Francesco e Isabella salieron al viñedo. Paseaban tomados de la mano