La noche caía lentamente, envolviendo la ciudad en sombras profundas. El apartamento en el que Alexander y Luciana se habían refugiado tras abandonar el último escondite era pequeño y apenas iluminado por la tenue luz de una lámpara. El silencio predominaba entre ellos desde hacía varios minutos, mientras ambos permanecían concentrados en el plan que acababan de trazar contra Eleanor Graves.
Alexander revisaba una y otra vez los documentos que revelarían la corrupción y manipulación que Eleanor