El cielo comenzaba a cubrirse de tonos anaranjados mientras el sol se escondía lentamente detrás del horizonte. Alexander permanecía en silencio, contemplando la carretera vacía desde la ventana del refugio provisional al que habían acudido tras la confrontación con Eleanor. Su mente era un caos controlado, repasando una y otra vez las palabras que había pronunciado con tanta seguridad frente a la mujer que, alguna vez, había dirigido cada paso de su carrera.
Luciana lo observaba desde el sofá,