La noche era espesa, cargada de un silencio inquietante. El único sonido en la habitación era el constante golpeteo de las teclas mientras Alexander escribía.
Luciana estaba a su lado, pero su atención no estaba en la pantalla, sino en él.
Seguía siendo el mismo hombre frío y distante. Su postura rígida, su expresión impasible… pero había algo diferente en su mirada.
Algo que lo hacía más peligroso.
Porque ahora no estaba escribiendo por obligación, sino por decisión.
Pero antes de que pudiera