El sábado por la mañana llegó con una tranquilidad que Elena Cruz no había sentido en mucho tiempo.
La luz del sol entraba suavemente por la ventana de su pequeño apartamento, iluminando la habitación con un brillo cálido. Elena estaba de pie frente al espejo, observando su reflejo con una mezcla de emoción y nerviosismo.
No era una reunión de trabajo.
No era una presentación importante.
Era algo completamente diferente.
Era un café con Diego.
—Tranquila, Elena… solo es café —murmuró para sí mi