Elena Cruz llegó temprano, con la sensación de que hoy no sería un día cualquiera. Apenas cruzó la entrada, notó cómo algunas miradas se detenían en ella, evaluándola, midiendo su confianza. Lucía le sonrió discretamente desde la recepción, sosteniendo un sobre que contenía instrucciones precisas para un cliente importante.—Señorita Cruz, esto acaba de llegar —dijo Lucía—. El señor Valverde espera que lo revise antes de la reunión.—Gracias, Lucía —respondió Elena, tomando el sobre—. Estoy lista.Al abrirlo, Elena se encontró con documentos que requerían no solo atención al detalle, sino también discreción absoluta. Mientras los revisaba, escuchó la voz familiar de la mujer elegante que rondaba la oficina. Su risa era ligera, pero cargada de desafío. Elena alzó la vista y cruzó sus ojos con los de ella, sintiendo un frío en el estómago.—¿Otra vez ella? —susurró Elena, presionando los labios para no revelar su incomodidad.Elena se concentró en su trabajo, pero cada palabra escrita,
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