Elena no durmió.
No porque no pudiera.
Sino porque no debía.
El error seguía ahí, intacto en su memoria, repitiéndose con una precisión incómoda cada vez que intentaba cerrarlo como un caso más. No encajaba. No como una falla técnica, no como una negligencia, y definitivamente no como un accidente. Era demasiado limpio, demasiado oportuno, demasiado… útil.
Para alguien.
Y Elena ya sabía para quién.
Pero saberlo no era suficiente.
Necesitaba probarlo.
La mañana llegó sin tregua, arrastrando cons