Era viernes por la tarde, y la ciudad comenzaba a teñirse de tonos dorados mientras el sol se escondía lentamente tras los rascacielos. Elena Cruz estaba sentada en la terraza de un pequeño café cerca de la oficina, revisando los últimos informes antes del fin de semana. Sus dedos temblaban levemente, no por nerviosismo, sino por la expectativa de un fin de semana inusualmente distinto.Su teléfono vibró. Un mensaje de Diego apareció en la pantalla:—“¿Vienes a casa un momento antes de que termin