La presión no rompió a Elena.
La reveló.
Desde el primer minuto bajo el nuevo esquema, cada decisión fue observada, registrada y filtrada a través de un sistema diseñado para reducir su margen a lo mínimo imprescindible. No había espacio para intuiciones rápidas ni para ajustes sobre la marcha; todo debía justificarse, validarse y documentarse con una precisión casi clínica. Era un entorno hecho para ralentizarla, para obligarla a cometer errores por acumulación, para desgastarla.
Pero no lo hi