El rostro de Sofía en el umbral era una máscara de sorpresa forzada, rápidamente reemplazada por una expresión de falsa dulzura.
—¡Maxi, mi amor! ¡Feliz Año Nuevo! —exclamó, entrando sin invitación, su mirada recorriendo el apartamento antes de detenerse en mí con una sonrisa forzada—. Ay, no sabía que tenías compañía. Disculpa si interrumpo algo... íntimo se que también tienes necesidades.
Su tono era meloso, pero la puya venenosa en la última palabra era inconfundible. Sentí que la sangre me