La habitación 14 del "Asilo del Viajero" se había convertido en un santuario de sudor y secretos, pero la paz era una ilusión óptica. A las tres de la madrugada, el despertador del teléfono de Julián vibró sobre la mesita de noche, un sonido sordo que retumbó en los oídos de Elena como una detonación.
—Es hora —dijo Julián. Su voz no tenía rastro de sueño. Estaba en modo alerta, ese estado de hipervigilancia que lo convertía en alguien eficiente pero distante.
Elena se incorporó, sintiendo e