Grace
Llevaba una semana completa sumergida entre libros, apuntes digitales y reuniones virtuales. A pesar de estar en una de las zonas más bellas de Italia, apenas había salido del estudio que Lorenza me había asignado en el ala norte de la casa Langford. Cada vez que levantaba la vista de la pantalla, me encontraba con la magnífica vista a los viñedos que se extendían ante mis ojos, un vasto océano de verde brillante y dorado que, en esos momentos, parecía susurrarme, que respirar también era