La mañana se desplegaba con una calma engañosa sobre la mansión. Elena observó a través de la ventana de su habitación cómo el jardinero se alejaba después de su rutina matutina, dejando tras de sí el aroma fresco del césped recién cortado. Adrián había partido temprano a una reunión de negocios, prometiendo regresar antes del anochecer con aquella sonrisa que ahora ella sabía interpretar: una mezcla de advertencia y posesión.
La soledad de la casa le ofrecía una oportunidad que no podía desapr