La biblioteca de la mansión era un santuario de silencio. Elena cerró la puerta tras de sí, sintiendo cómo el peso de la madera tallada amortiguaba los sonidos del exterior. Adrián había salido temprano esa mañana, mencionando una reunión urgente con sus socios. Una oportunidad que no podía desaprovechar.
Las estanterías se alzaban hasta el techo, formando un laberinto de conocimiento que parecía observarla. La luz del mediodía se filtraba por los ventanales, dibujando patrones dorados sobre el