Rebeca y Beto caminaban a paso tranquilo por el pasillo del piso veinticuatro rumbo a la salida cuando se cruzaron justo con la escena. Armando acababa de abrir la puerta de su oficina de par en par, silenciando a Juliana con esa sentencia helada y dándole el ultimátum de cinco minutos para desaparecer de la corporación.
Juliana caminaba con la cabeza gacha hacia su cubículo, con los hombros hundidos y el rostro manchado por el maquillaje corrido. Era la viva imagen de la derrota. Rebeca se detu