Las luces del centro financiero comenzaban a apagarse una a una cuando Beca y Beto se encontraron en el estacionamiento subterráneo. Había sido un día extenuante. Rebeca cargaba en los hombros el peso de haberle entregado la fusión a Juliana bajo la mirada inquisitiva de Armando por videollamada, mientras que Roberto sentía aún la tensión de los hilos invisibles que su madre movía tanto en la oficina con en casa. Sin embargo, al subir al auto, el aire cambió. Pasaron por el hotel a recoger a Ma