Lejos del frío corporativo del piso veinticuatro, de las pantallas con celdas vacías y del aire denso de las traiciones que se cocinaban en las sombras, Roberto decidió que era momento de respirar. La conversación en el almuerzo con Beca y Mauricio le había dejado algo muy claro: su novia estaba librando una batalla titánica por su futuro, y él, en lugar de ser su refugio, había estado actuando como un juez influenciado por los prejuicios de su madre. Quería enmendarlo a lo grande. Quería regal