Theodore colgó la llamada, sintiendo una frustración agobiante que crecía con cada día que pasaba. Sus hijas y su mujer eran su razón de vivir, y aunque no era controlador con ninguna de las tres, no se sentía en paz si no sabía qué estaba haciendo cada una. Siempre había temido dejar ir a su hija menor al extranjero, pero confiaba en que Elise les tuviera consideración y los avisara de que estaba bien, no que los ignorara de esa manera.
—Tal vez deba ir, no puedo quedarme así —murmuró.
La idea