Despierto al escuchar ruidos provenientes de la parte de abajo. Al extender la mano hacia el lugar de Luciano, me doy cuenta de que no está ahí, pero unos gritos me alertan. Me pongo algo rápidamente y bajo para ver qué sucede.
—¡Vete de aquí, Leandro! Después de lo que hiciste en mi casa, no quiero volver a verte la cara.
—Ya, primito. Sabías que Fernando ya puso precio a quien le lleve a tu puta. —¿Qué? No, eso no puede ser.
—¿Quién te dijo eso?
—El mismo Fernando. Sabes que frecuento su bu