Veo que los ojos de Luciano destellan furia al observar mi rostro golpeado, pero yo no siento dolor. Ahora lo último que quiero es que se forme una guerra entre Luciano y Fernando. Bueno, en realidad, ya hay una, pero no quiero que se maten justo en este momento.
—Cálmate, Luciano, vámonos ya —le suplico.
—No, le partiré la cara a ese hijo de puta.
—Por Dios, ya le dejé claras las cosas. Ahora vámonos, no quiero estar más aquí —le insisto, y él solo suelta un bufido.
—Está bien, vamos.
Me subo a