59 - Pagará bien por ti.
La tensión en el aire era palpable, casi sofocante. Anaís sentía el peso de los ojos de Lombardi sobre ella, como un depredador que acecha a su presa. Estaba atada a una silla, con las muñecas dolorosamente ajustadas por las cuerdas, pero su orgullo y valentía se mantenían intactos. Sabía que Lombardi esperaba que se quebrara, pero no le daría ese placer.
Ella se había prometido nunca dejarse por personas como él, y aunque este en una situación que le permite, no lo haría.
— Sé que esa… ¿cómo e