104 - No es tu hijo.
Anaís salió de la mansión Guerrero con el corazón latiendo con fuerza. Había enfrentado a Lucrecia y había logrado que se hiciera justicia, pero al mismo tiempo, el peso de la situación la había dejado exhausta. Caminó hacia el coche donde Rogelio la esperaba, sintiendo que un torbellino de emociones la invadían. Sin embargo, cuando iba a abrir la puerta, escuchó una voz familiar que la llamaba.
— ¡Anaís! — gritó Jorge, alcanzándola.
Ella se detuvo, sintiendo una mezcla de frustración y tristez