60 - El jefe pelirrojo.
La brisa marina golpeaba el rostro de Anaís mientras intentaba mantener la calma. La venda que cubría sus ojos no podía borrar el olor penetrante a pescado y sal que invadía sus sentidos. Sabía perfectamente dónde estaba: un puerto. El sonido de las gaviotas y el vaivén del agua no dejaban lugar a dudas.
— ¿A dónde me llevan? — preguntó con voz firme, tratando de esconder el miedo que la consumía.
La respuesta fue un empujón que casi la hizo caer. Sintiendo cómo la agarraban bruscamente, fue le