Solo ella

—Hablemos… ¿sí?— dijo ella y se giró, se sentó de lado frente a él y alzó sus piernas para abrazarlas… una sensación extraña le decía que algo se rompería con esa conversación.

—Regina…— volvió a nombrarla el pelinegro y tomó un mechón de su cabello, la pelinegra ladeó su rostro incómoda y él la notó —te quiero— aceptó y los ojos de ella se abrieron con sorpresa.

—¿Qué? –

—Siempre te quise… lo sabías, ¿no?— la voz y la mirada suave del joven conmovieron a Regina que se sintió tonta.

Negó en
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