Forzarla a amarlo

El rubio sonrió molesto — Así que fue tu amiga— entendió y llevó su mano hasta su intimidad, deslizando dos de sus dedos por su ya húmedo sexo, obligando a la joven otra vez a temblar.

Ella apretó sus ojos y contuvo el aliento, su cuerpo ardió… ¿qué estaba mal con ella?

—¿Qué parte de que eres mía no has entendido? – volvió a cuestionar roncamente, y esta vez, su instinto de posesión la reclamó, una de sus manos seguía ocupada en acariciar su intimidad, y la otra sus senos.

Regina negó en silen
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