Rauda miraba a todos desde aquella burbuja, estaban prisioneros en su ilusión, una en la que la llamada Regina Martinelli no podría despertar su lado lobeno, una en la que creía que su padre aun estaba con vida y su madre no estaba encerrada en un hospital para alcohólicos, todos iba a saliendo según plan y pronto, ella tomaría el lugar de la tonta chica para ser la compañera de Giovanni.
Sonrió de manera torcida y soltó el mechón del largo cabello de la dormida pelinegra.
—Vamos a ver cómo rea