Giovanni subió una mano al rostro de su cobriza y lo atrajo despacio, le mordió el labio inferior y apenas se separó para verla a los ojos.
—¿Tienes miedo? — cuestionó en un ronco susurro.
Un estremecimiento extraño se reunió en el centro del pecho de Regina ante ese cuestionamiento.
—Sí— aceptó al acariciarle el rostro.
Giovanni sonrió débilmente.
—… pero ya no quiero tenerlo— aseguró al momento de besarle los labios despacio.
El ojiazul en automático llevó sus grandes manos a la cintura