Arianna
Aquiles se quedó justo donde estaba, sin decir nada y blanco como un papel. Parecía estar procesando a marchas forzadas semejante información. No lo culpaba, aunque no podía negar que la ansiedad me estaba consumiendo.
Clavé mis ojos en los suyos, intentando descifrar su reacción, aunque siempre era muy difícil saber qué ocurría tras esas profundidades negras y relucientes como el mármol.
Si no decía algo pronto, probablemente caería redonda al suelo. Porque con cada instante