Desde aquella noche, todo había cambiado. Ninguno de los dos se atrevía a decir nada sobre lo sucedido. Verónica intentaba comportarse con normalidad, pero cada vez que Rodrigo se acercaba demasiado, recordaba el beso.
Una tarde, mientras estudiaba en la sala con Matías dormido en su cuna, Rodrigo entró sin hacer ruido, llevaba en sus manos un sobre con facturas pagadas.
—Ya está cubierto el alquiler de este mes —le informó con simpleza.
—Rodrigo, no era necesario —respondió ella, sin leva