Valeria se encontraba en el baño de la empresa lavándose las manos cuando algo interrumpió su visión. Se asustó en el acto e intentó alejar las manos que tapaban sus ojos, pero entonces se percató de que eran dedos largos, velludos, de hombre. El aroma del individuo terminó de confirmarle la identidad del mismo, así que sonrió. Aunque debía reconocer que el lugar no era el más apropiado para este tipo de encuentros.
—Enzo, ¿qué haces? Puede entrar alguien —lo regañó.
A él no le importó el siti