Cuando sus ojos se cruzaban con los de Enzo en la empresa, colocaba todo su empeño en ignorarlo. No importaba que su corazón se acelerara o retumbara cual tambor.
Ya no eran esposos.
Ya no eran absolutamente nada.
Únicamente compartían algo importante: tres hijas.
—Valeria…
La voz del hombre se escuchó tan cerca que no pudo evitar girarse con fastidio para decirle que la dejara en paz. Sin embargo, sus palabras murieron al darse cuenta de que no era lo que creía. No le estaba rogando, no es