—Yo no lo sé…
Aunque la verdad era que quizás por la presión sí lo hubiera hecho.
—Celeste, no mientas.
—Erick… ¿qué estás haciendo? —negó suavemente—. ¿Por qué me sacaste de mi boda? ¿Qué pretendes ahora?
El auto seguía alejándose de la ciudad. Mientras Erick la tomaba del rostro con sus ojos fijos en los suyos.
—Te salvé —dijo simplemente—. Te salvé de cometer el error más grande de tu vida. Era obvio que no lo amas, Celeste. Lo vi en tu cara. En cómo te quedaste congelada cuando te preguntar