El hombre tomó su rostro entre sus manos, grandes y cálidas.
—Esta vez no voy a fallarte —prometió, mirándola de esa forma intensa de la que solo él era poseedor—. Te lo juro, Celeste. No volveré a desaparecer. No volveré a dejarte esperando.
—Me cuesta creerlo —admitió, tragando saliva con el corazón desbocado. No quería una desilusión más, pero tampoco quería vivir una mentira como había estado a punto de hacerlo con Francisco—. Después de todo lo que ha pasado… me cuesta mucho. Pero… lo inte