Capítulo 47
—¡Y él no movería ni un dedo por ella!

—Ya, ya, dejen de envidiarme —la voz melosa de Jenny destilaba presunción—. De todas formas, conozco a muchos jóvenes ricos de la alta sociedad. En algún momento le diré a Miguel que organice algo para presentárselos. ¡Quién sabe, tal vez encuentren a su media naranja!

Laura respiró hondo, conteniendo el dolor en su pecho. Miguel cumplía cada capricho de Jenny; tal vez hasta le bajaría las estrellas del cielo si ella se lo pidiera.

Después de un rato de est
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