La mirada de Miguel se deslizó por la mano del jefe, sin expresión alguna en el rostro.
El jefe, asustado, retiró la mano temeroso.
"¡Qué mirada tan intimidante tiene el señor Soto! ¡Sentí como si me fuera a arrancar la mano!"
En ese preciso momento, la puerta se abrió y una voz femenina y dulce llegó a sus oídos:
—Miguel, ¿cómo es que no me esperaste y subiste solo?
Al escuchar la voz de Jenny, Laura se quedó perpleja, recordando el chisme que Manuela le había contado ayer.
Le había dicho que a