Mientras tanto, Alexei se paseaba de un lado a otro frente a la imponente torre de cristal y acero que albergaba las oficinas de Viktor Sokolov. Había pasado las últimas horas haciendo llamadas y moviendo contactos, tratando de encontrar alguna prueba que respaldara las acusaciones contra su antiguo amigo.
Pero hasta ahora, no había tenido suerte. Viktor era demasiado cuidadoso, demasiado hábil para dejar cabos sueltos. Parecía que nadie estaba dispuesto a hablar en su contra, ya fuera por mied