Alexei se quedó boquiabierto al ver al pequeño bulto en los brazos de Viktor, no podía creer que su mejor amigo, su hermano del alma, hubiera guardado un secreto tan grande.
—Viktor... ¿Eres padre? —preguntó, acercándose lentamente— ¿Por qué no me lo dijiste?
Viktor levantó la mirada, sus ojos azules brillaban con una mezcla de felicidad y temor, sabía que este momento llegaría, pero no esperaba que fuera tan pronto.
—Alexei, amigo, yo... sé que debí habértelo contado, pero... —tragó saliva, mi