Tras la visita inesperada de Alexei, Anya sentía que su corazón no dejaba de latir de prisa, el miedo y la adrenalina corrían por sus venas como un veneno.
Pero poco a poco, mientras escuchaba la conversación entre los dos amigos, su pulso se fue calmando, Viktor, con su astucia y sangre fría habituales, logró desviar las sospechas de Alexei, convenciéndolo de que todo estaba en su mente.
—Bueno, Viktor, debo admitir que me has dejado intrigado con tus nuevos proyectos —dijo Alexei finalmente,