Anya temblaba mientras se colocaba el vestido, sintiendo la tela pegarse a su cuerpo como una segunda piel. Se miró en el espejo y apenas reconoció a la mujer que le devolvía la mirada, con los ojos vacíos y hundidos en un rostro pálido como la cera.
Las siguientes horas pasaron como una bruma para Anya. Se dejó maquillar y peinar por el equipo de estilistas que Viktor había contratado, sintiendo sus manos recorrer su cuerpo como si fuera una muñeca sin vida, para cuando terminaron, apenas se r