Furioso

Anya se sorprendió al ver al ver que no era Viktor el que había entrado.

—¡Anya! —la llamó en voz baja y apremiante— por fin logramos encontrarte.

La joven los miró con ojos desorbitados, incapaz de procesar por completo lo que aquella inesperada visita implicaba, buscó desesperadamente las palabras, pero solo logró balbucear confusa:

—¿Q-Qué...? ¿Cómo...?

—No hay tiempo para explicaciones —la cortó Anatoly con firmeza— escúchame con atención, muchacha. Todo está listo para sacarte de aquí esta
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