Cuando al fin Viktor rompió el beso, ella se las arregló para aparentar una mirada vidriosa de pasión, su esposo dejó escapar un profundo gruñido, que delataba la pasión que sentía.
Viktor tuvo que hacer un gran esfuerzos para no arrancarle el vestido y hacerla suya ahí mismo, sin decir una palabra la tomó de la mano y la llevó hacía la salida de la mansión para abordar el elegante vehículo que los esperaba.
Viktor y Anya abordaron la limusina en la entrada principal de la mansión, durante el t