Fingiendo

Francesca le pidió a Sonya que salieran del corporativo para regresar a casa junto a Viktor, la nana asintió en silencio, mientras las lágrimas mojaban su rostro, las dos se dirigieron hacia el estacionamiento de prisa.

—¡Viktor! —exclamó Francesca al ver a su hijo caminando despreocupadamente hacia su auto— ¡Espera, no puedes irte así!

Viktor se detuvo y la miró con expresión hastiada.

—¿Y ahora qué quieres, madre? —preguntó con impaciencia— ¿Más sermones acerca de mi conducta? Ahórratelos, ya
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