Lilia.
—Hasta que por fin vienes —Le dije a Samira, viéndola entrar con una sonrisa piadosa.
—Lo siento, señorita… —Se rascó la nuca—. Samuel vendrá en unos minutos para arreglarte. Yo te ayudaré con el vestido.
—¿No me vas a decir nada? —Me hice la dura.
Ella pasaba tanto tiempo con Deus, que se olvidaba de mí. Chris le redujo el trabajo a petición de su hermano, y por eso ya no era mi sirvienta personal.
Aun así, seguíamos siendo amigas.
Moví el pie repetidas veces.
—Usted debería ente