Chris.
—¿Cómo que no han traído las sillas? —le pregunté a Deus.
—Oh, bueno, no tengo la culpa de que hayas contratado a la compañía más cara solo por unas sillas —Rodó los ojos—. Quieren que le des todo el dinero completo antes de traerlas.
—Estamos a dos días de la boda y todavía tengo que llevar a Lilia al ayuntamiento hoy. Ya aceptaron la solicitud de matrimonio —comenté, dejando unos papeles listos sobre mi escritorio—. Y sí, compré al oficial del registro civil.
—Tú siempre logras sal