Lilia.
El hombre logró sacarme del bar con facilidad. Ni siquiera el guardia en la puerta me reconoció al salir, estaba temblando por el miedo de ser secuestrada una segunda vez.
Una peor.
Viktor nunca sería tan amable como lo fue Chris, eso era obvio. Su mirada criminal lo decía todo. Además, el agarre de su mano estaba apretando tanto mi muñeca, que se marcaría luego por mi pálida piel.
El viento nocturno golpeó mi cabello, moviéndolo de un lado a otro.
—Estamos listos, ¿se aseguraron de