Lilia.
Elisa estaba muerta, y no le di tanta importancia. Me estaba acostumbrando a ese mundo y ya el horror no me atormentaba como antes.
Gracias a Deus, había aprendido a defenderme sola y por supuesto, a disparar un arma. El último día de mi entrenamiento, pegué cada bala en la cabeza de los muñecos de cartón.
Estiré mis brazos.
Estaba esperando a Samira porque ambas íbamos a arreglarnos. El día de la fiesta había llegado y yo estaba emocionada porque ella también iría.
La puerta se abr