Lilia.
Moví mi cabeza al ritmo de la música. Tomé un sorbo del trago que pidió Deus y terminé tosiendo como loca por lo caliente que fue.
Mi garganta picaba.
Necesitaba ir por un poco de agua, y vi que la barra no quedaba lejos. Deus seguía bailando con Samira, no quise interrumpirlos.
Me levanté para ir a la barra y sentarme en una de las sillas disponibles. Apoyé ambas manos sobre el mesón.
—¿Desea algo? —preguntó el barman.
—Agua, por favor. Es urgente —hablé con la nariz arrugada.
El